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jueves, 15 de marzo de 2012

1966 generación. Antolín Reguero.

Historia del viaje a Perú.

Ésta es una crónica, que como comprenderán, no está sujeta a estudio alguno, ni a dietario, o agenda, o algo similar que se le parezca,. Ni tampoco a datos de estudio, de fechas precisas. Reconocemos que, muchos de los detalles, fechas concretas, anécdotas, etc... etc... se han borado de la memoria, y casi que nos es imposible recuperarlos. Por todo ello, les pedimos disculpas. Sería interesante contrastar, toda vez que ellos lo quieran, la opinión del resto de compañeros que tuvieron el coraje de participar en la misma aventura. Espléndido. 

Esta sucesión de datos, que a lo mejor no tienen hilaridad alguna, pero.... que cumplen, creo yo, un fin ( pequeñito ), pero fin, ....Vamos a ello, a ver cómo se desarrollan los acontecimientos.


Una vez acabado el cuarto curso de bachillerato en el Colegio de Anguciana ( Logroño ), un primero de junio de 1966, y tras unos breves días de vacaciones, un 24 de junio de 1966 ,( Santiago Apóstol ), reunidos en el mismo colegio un grupo de aguerridos "muchachillos ", de edades comprendidas, entre 16 - 18 años, y cuyos nombres responden a

- si no se me queda ninguno en el  tintero - emprenden, en el Land Rover, viaje a Barcelona, donde después de permanecer dos días en la ciudad, llega la hora de embarcarse.



  • Pío Finez Rio, 
  • Silvano Cámara Peña, 
  • Antolín Reguero Roldán, 
  • Ignacio Gil Gomez, 
  • Miguel Ángel de la Torre Saiz, 
  • Miguel Saiz Castilla, 
  • Eurenio Zaldo Ortega, 
  • Domingo Diez  Melgosa
  • José María Diez Sierra, al mando de Félix Santamaría.

De esta ciudad, yo, concretamente, recuerdo, con claridad meridiana, lo mala que estaba el agua, mala.. mala...

Ni que decir tiene, que atrás quedaron las despedidas, las nostalgias, los recuerdos, los llantos, todo aquello, que desde el primer día de ingreso al colegio, fuimos despojándonos poco a poco, y por eso, ahora, ante esta marcha definitiva, hacia lo desconocido, no fue tan traumática.

Nos esperaba el vapor "Doniccetti ", para nosotros un bancazo. Primero por lo desconocido. Segundo: por la magnitud que representaba. Todo esto, para nosotros era desconocido, Su procedencia era italiana, y surcaba los mares desde Italia, hasta Valparaiso ( Chile ). Embarcamos en el mismo, recibidos por el capitán y la tripulación, y con lo mismo nos dirigimos a los camarotes que nos habían correspondido. Tan sólo decirles que a este servidor, le tocó con el P. Santamaría,( Responsable de la expedición ) con lo que ello suponía de observancia del horario, porque mientras el resto, tenía más permisividad para llegar por la noche, yo..... ya comprenden, había de dar la talla....


El barco disponía de dos clases. Una: primera. Otra: turística. Esa era la nuestra. Con su piscina, su sala de baile, música, biblioteca, etc...

El primer trayecto era de: Barcelona a Tenerife. Dos días. En ese tiempo, ya el cuerpo se habituaba al ritmo del barco, con lo cual, en el atracamiento y posterior contacto con la tierra, los primeros pasos eran verdaderamente de " borrachos " . Visitamos el puerto de La Luz, en Tenerife, su bulebar, etc, pero con unos recuerdos muy vagos, ahora mismo...

Segunda etapa : Tenerife - La Guaira ( Venezuela ) Una semana .de duración. Aquí ya controlábamos los nudos, los días, las noches, el aburrimiento, que también hacía mella, entre nosotros , las fiestas que organizaban para no aburrirse, etc.. etc... por eso, antes refería lo de las noches y su horario... La fiesta es la fiesta.... Atracamos, y vimos los primeros " negros ", que nos sorprendieron mucho, por aquello de que en España, desconocíamos. Sin que este comentario suponga, por cierto, una exclusión. Ni mucho menos. Recorrimos, junto al puerto como una " barriada ", situada en un cerro, y nos apedrearon, concretamente a Eugenio, que era más rubio que el resto, voceándonos: "gringos, gringos ""...


Luego, como nos sobraba tiempo, me imagino que los decidiría el P. Santamaría, en taxi, nos desplazamos hasta Caracas, la patria de Simón Bolivar, " EL Libertador ". Visitamos su casa, su estatua, el enclave dentro de Caracas, sus hazañas, y victorias . Precioso. En ese "ínterim ", desde la Guaira a Caracas, el taxiista nos comentaba, que unos edificios altos que vislumbramos, en uno de los terremotos sufridos, se cimbreaban como cañas de bambú. Pienso, que ese comentario vino al caso, primero para que tuviésemos idea de lo horroroso del tema. Para nosotros, algo desconocido, por lo que ni fu... ni fa....

Ésta podría ser la primera parte de la redacción, cuando en la España, que tú visitas, son las trece y treinta y tres del mediodía, y ya voy notando el cansancio y lo extenso del tema.

Por Antolín Reguero

Se puede decir más alto, pero no más claro. Perder aquello que con tanto sacrificio habían obtenido nuestros padres y de lo cual se habían desprendido por el amor al hijo, dolía, como dolía que la ropa, fruto de tantos sudores y desvelos, terminara en manos de otro más poderoso que tu. Duro, muy duro, doloroso, cruel, punzante. Nada mejor que leer el magnífico relato de Antolín para revivirlo.

De ANGUCIANA, caro amigo, existen relatos chispeantes.
Recuerdo, con fruición, como si fuera hoy, la despedida de mis seres queridos, "la maleta de cartón ", donde transportábamos nuestra ropa, algún chorizillo, alguna galleta y la libra de chocolate. Aquella madrugada, con su " rocío ", la chaqueta al hombro, para librarte de la caladura del mismo, y que éste penetrase en tus huesos, camino del coche de Burgos, que salía de donde Reguero ( mi tío, por cierto ). A las siete, partía, si mal no recuerdo. Era una aventura desmedida. La primera vez que emprendíamos un viaje, solos, del pueblo, a... lo desconocido.

Atrás, quedaba una vida de escuela, de amigos, de correrías, de frío invernal, etc., etc.,. Pasábamos los pueblos de esa Castilla La Vieja, secos, áridos, curtidos en mil batallas, hasta llegar a Burgos, ciudad impresionante, a los ojos de un pueblerino. Todo se magnificaba. El ir y venir de las gentes. No saber dónde situarte. La timidez que nos corroía. Sin atrevernos a preguntar nada de nada... Difícil. Y de la estación de autobuses, a la del tren. Cómo llegar ??... No recuerdo.

Primer destino: Miranda de Ebro. Por qué ?... Pues porque allí, teníamos que hacer transbordo, hasta Haro, distante 4 km de Anguciana. De lo contrario, podíamos aparecer en Vitoria, Logroño, qué sé yo, donde.....

Nos gustaba ponernos en el " furgón de cola ", porque parecía que la distancia se hacía más corta. Mirando en lontananza, afloraban diversos recuerdos a nuestra mente. La nostalgia nos invadía. Como que quisiéramos asirnos a lo que habíamos disfrutado hasta ese momento. Éramos felices, punto. Dicen que la nostalgia, es signo de sabiduría.

Llegada a Haro. Nervios, bajada de bártulos, y creo recordar, que estaban esperándonos algún Padre, o Padres. En este momento, mis recuerdos son confusos.

Como es confuso, el momento de entrada al Colegio. Perdonad, pero era la primera vez.......... Ahora, recuerdo, vagamente, y corregidme si me equivoco, que había dos entradas: una, para las personas; otra, para los coches. Creo recordar, también, que era más fácil escaparse por la de los coches, si tenías que hacer alguna salida furtiva. Como que estaba menos vigilada. Y perdonad, el inciso.

Subida al dormitorio, para dejar la maleta, bolsas, etc. Grande, inmenso, este dormitorio, como nunca nos habíamos imaginado algo similar. Camas, y camas, apostadas unas tras de otras, en cuatro o cinco filas de unas veintitantas camas cada una.

El Padre que nos acompañaba, se despedía, y nos dejaba en presencia de los " mayores ", que eran los que se hacían un poco cargo de ponernos al corriente de lo que se "guisaba allí ", cómo discurría la vida de colegio, la disciplina, los horarios, estudios, y las novatadas que pagabas.

La primera novatada, era abrir la maleta, con la disculpa de entregar las sábanas, toallas, etc.,. etc,. Y con la entrega de toallas, sábanas, etc,,, se nos iban nuestros choricillos, nuestras galletas, nuestro chocolate..... Aquello que nuestras madres, se habían privado de comérselo ellas, o nuestros hermanos, para dárselo al hijo que se iba a estudiar, sólo, llorando... y complementar la comida, buena o mala, que se dispensaba en el Colegio.

Luego, cuando nosotros pasamos a ser mayores, también hicimos lo mismo. Y es aquí donde quería llegar, con este relato, corto, pero entrañable, del primer recibimiento en el Colegio Seráfico de Anguciana.

Pienso, que a lo mejor los Frailes lo sabían, pero dejaban hacer, como un juego más de las reglas del propio Colegio. Pero, a quien se lo quitaban, que mal nos sentaba, pero como el desconocimiento era enorme, ni protestábamos, ni chistábamos, ni decíamos ni pío...

Y aquí finaliza, nuestro recorrido, lleno de avatares, de desconocimiento, hacia lo que un día fue el inicio de nuestro saber que ello serviría para una experiencia más grande, todavía, cuál era, prepararnos para dar el "salto", a una vida superior, más digna, y llena de compromisos con los hermanos.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Generación 1957. Gervasio.




    2)      El barco Marco Polo (italiano)  nos transportó de Barcelona-Callao, (25) días.
    3)       A la llegada en el puerto del Callao, junto con Diego Barbero y con mi hermana y mi cuñado.
    4 )      En una playa del Callao con compañeros del Colegio Seráfico.
    5)      En la cima del Chachani (6200 m.s.n), en Arequipa.
    6)      Pasando el canal de Panamá…
    7)      De escalador en la Paz (Bolivia), con Carlos Lafuente y Santiago López.
    8)      De catequista en el pueblo de Ingenio (Huancayo), con mis compañeros Moisés Bravo y J.Mírurí.
9)      De hippies con Fermín Cebrecos y Santiago López, en el claustro de   Convento nuevo, Arequipa.
10)   En la plaza de Trujillo…
11)   Con el presidente Belaúnde en los claustros del Convento, Arequipa.
12)   En un cerro de mi pueblo con un primo.
13)   Haciendo de Párroco …
14)   En la primera misa de Fermín Cebrecos, también se ve a Diego Barbero…
15)   En Contamana bautizando…
16)   Una vista panorámica de Arequipa, con el Misti al fondo….
17)   Con unos Profesores alemanes que trabajaron en el Instituto Técnico.
18)   En la plaza del Pilar en Zaragoza…
19)   En Cafarnaún.
20)   Haciendo acueductos en el pueblo rural de Huanca (Arequipa).
21)   Con unas amigas y con una vista panorámica del pueblo de Huanca. Aquí hemos hecho bastante obra social-religiosa con la ayuda del Gobierno vasco (regadío, canales, carreteras, estanques, etc..).
22)   En mi pueblo con unos cooperantes vascos que estuvieron trabajando en el Perú conmigo.
23)   Con mi gran amigo, Carlos Lafuente….


"     He estado haciendo memoria y también he consultado con mi único compañero que queda, José Santamaría. Somos los únicos, dos gatos, que quedamos vivos en la Provincia. A propósito, te cuento que José actualmente está en Lima recuperándose de la operación que le han hecho de la próstata…
Te pongo los nombres de los doce más o menos de acuerdo a la edad. No estoy seguro, pero por ahí va la cosa: 
                                                              1.-Emiliano  Maria Esteban.
                                                        2-.Policarpo Garrido Santacruz.
                                                        3.-Antonio Marcos.
                                                        5.-Blas Blanco Navarro.
                                                        6.-Vicente Gutierrez Cura.
                                                        7.-Juán Antonio Martinez Alonso.
                                                        8.-Gervasio González Barbero.
                                                        9.-Diego Barbero Barbero.
                                                      10.-Isidoro Sierra Arribas.
                                                      11.-Moisés Bravo Perez.
                                                      12.-Ricardo Allende Romero.


Tengo dudas sobre el apellido de Juan Antonio. Sólo recuerdo que le llamábamos el “Carilo”.Creo que llegó hasta el primer año en Ocopa. Blas Blanco salió en el Callao, también en el primer año (1958)".


Gervasio González
Arequipa 24 de agosto de 2012



lunes, 18 de abril de 2011

1950: Gregorio Perez de Guereñu



Recuerdo muy bien aquel lejano 1968. Entre otras razones porque el Ministro Provincial, creo que era el P. Luis Maestu, me encargó acompañar en el viaje de Barcelona al Perú a un grupo de jóvenes que sentían, y de alguna manera habían vivido, una elemental experiencia de la vocación franciscana en los meses, o quizás años, pasados en Anguciana. Asumí el encargo con gusto y consciente de que era para mí una no pequeña responsabilidad.

Yo acababa mis estudios de teología en Roma, en el que antes se llamaba "Ateneo Antonianum", hoy Pontificia Universidad Antonianum. Y debía regresar a Ocopa para enseñar teología dogmática a los jóvenes profesos.

El recuerdo que tengo es absolutamente positivo. Veinte largos días en un barco para cruzar el Atlántico, pasar al Pacífico por Canal de Panamá hasta llegar al Callao.

Los siete jóvenes a quienes acompañaba eran eso: jóvenes, llenos de ilusiones, animados por los mayores en pos de vivir su vocación franciscana y con ganas de responder al llamado del Señor.

Comentábamos con frecuencia sobre la vida de nuestros compañeros y mayores en el Perú. Siete jóvenes llenos de vida, alegres, con ánimo también aventurero y por eso con esperanza frente al futuro inmediato.

No todos lograron lo que se propusieron inicialmente, pero como los caminos del Señor son muchos y siempre favorables a la persona, pienso que cada uno habrá logrado lo mejor en su vida. Nuestro programa de vida aquellos días era simple: la misa diaria, alguna lectura, recreación abundante y la nueva experiencia de cada día atravesando el océano al acercarnos al Perú. Mientras los jóvenes se recreaban, yo solía ir al salón biblioteca y me dedicaba a leer el libro de H. Küng: La iglesia, que recién salía a luz.

La sorpresa más grande que tuve fue que, cuando llegamos a uno de los puertos del Pacífico, nos llegó la noticia del golpe de Estado en el Perú. Nos preguntábamos si bajaríamos en el Callao o nos llevarían hasta Valparaíso u otro lugar. No pasó nada en ese sentido, pero estábamos preocupados.

En suma, fue un viaje novedoso para el grupo en general, y para mí de satisfacción al ver que ninguno de los jóvenes perdió el entusiasmo, la alegría y las ganas de incorporarse al grupo mayor de jóvenes con quienes compartirían la aventura de su vocación. Quise ser para ellos un compañero, como veía que ellos lo eran para mí, aunque en las normales diferencias de la vida diaria. La experiencia fue muy positiva para mí, pues mi vida habría de seguir durante muchos años al lado y en compañía de los jóvenes. Gracias al Señor y a los siete jóvenes.
Gregorio

30 de septiembre de 2012

"Caro Estalayo: Me tomo unos minutos para responderte de inmediato a la tuya, siempre agradeciéndote y felicitándote. Del correo que me has enviado, foto del año 1948, conozco a bastantes, pero mi grupo llegó al Callao el año 1950, y en esa foto estamos varios. ¿Será realmente del año 1948? Claro que hay muchos otros de años anteriores al 50, de los que reconozco a varios, por ejemplo del grupo de Victoriano Hernando, Félix Sáiz. Por ahí andan Bernardo Sáiz, Jesus Sáiz. Estamos con Pacheco, Remigio, Santiago Sáiz, Benjamín y otros. A veces no se distingue bien porque se mueve mucho. A ver si con tiempo logro reconocer a otros más. Nosotros éramos 14 ó 15. Las anécdotas del viaje creo serían semejantes a las de cualquier otro grupo. Creo que viajamos en el buque inglés Reina del Mar (o algo así). Sabes que llegamos al Callao el día 6 (creo) de febrero del 1950 con el P. Landázuri, que acababa de realizar sus estudios de Derecho en Roma. Luego profesor en Ocopa, Provincial, Definidor General, obispo y cardenal al que me tocó, como Provincial, atenderle en la Clínica Stella Maris el año 1997 (murió en febrero o marzo de ese año) y darle la bendición de san Francisco en sus últimos momentos. Gracias. Un abrazo. Seguiremos conversando".
Gregorio

domingo, 27 de marzo de 2011

Generación 1946. Jesús Palacios.

Viaje a Perú en 1946

Exponer en forma breve un viaje que duró 3 meses no es tarea fácil y el P. Jesús Palacios lo ha conseguido presentándonos un relato ameno, dinámico y rápido.

Estuve en Anguciana y pasé nueve meses después de los cuales viajé al Perú con los PP. Luis Barahona y Alberto Barrena en un viaje que duró 3 meses. desde el 23 de octubre del 45, al 21 de enero del 46. Éramos 20 colegiales y los dos Padres, y tocamos: Barcelona, Cádiz, Lisboa, Guadalupe, Habana por accidente, Puerto Cabello, Curazao, Trinidad, Pernambuco, Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires; aquí estuvimos unos día.

 Siguió nuestro viaje en tren, tres días hasta La Paz en un tren superlento.
No puedo dejar de contar una anécdota. En un momento dado, yo fuí al servicio y luego quise dar la cadena, pero no encontré cómo, es cierto que había una cadena, pero no conectaba con el agua, así que me fuí un poco de mala gana o vergüenza. Después de mí entró Azagra y casi no me dio tiempo a sentarme, porque el tren dio un frenazo tremendo y se paró y el pobre Azagra corrió hasta el último vagón y desapareció. Los que aparecieron fueron los Brequeros, que buscaban al causante de la tragedia, por supuesto muy furiosos, pero estaban cerca de nosotros y además nos querían mucho, los Trovadores del Perú, así que él fue el que se encaró con los tales brequeros: el niño es un ser educado y por eso ha querido dejar las cosas bien, qué culpa tiene de que Uds. lo tengan mal.. etc con lo que los brequeros no tuvieron mas que marcharse y arreglar los desperfecto.

  En la Paz estuvimos dos días, en la Recoleta y pasados lo mismos, las máquinas subieron solas, pero a los de los vagones nos subieron con cremallera; al bajar lo hicimos con tres máquinas, solo para frenar, dos adelante y una atrás.

 Llegamos al Lago Titicaca y subimos al Barco Ollanta, en él pasamos toda la noche para amanecer en Puno, donde nuevamente tomamos el tren en viaje hacia Arequipa, lo que nos llevó todo el día. Aquí permanecimos unos día disfrutando de la campiña arequipeña, tras los cuales, nuevamente al tren en viaja hacia Mollendo, donde llegamos casi de noche, descansamos donde los Franciscanos de la Provincia de los XII Apóstoles y al día siguiente, colgados en una silla nos bajaron con una grúa a una barquita, que nos llevó hasta el barco Mantaro que nos esperaba anclado afuera del Puerto.
Tres días tardamos en llegar al Callao en medio de vacas, yo no recuerdo mucho porque llegué muy enfermo y estuve todo el viaje en cama. Legamos el 21 de enero de 1946 después de un viaje que había durado casi tres meses..

El Barco se llamaba "Cabo de Buena Esperanza" y el nombre de los del grupo es: 

  • Manuel Gomez Pellón, 
  • Ángel Martín Rubio, 
  • Gabriel Marina Duque, 
  • Martín Manrique Perez, 
  • David Palacios Calvo, 
  • Leoncio Bravo Perez, 
  • Vicente Palacios Del Hoyo, 
  • Ángel José Azagra Murillo, 
  • Tomás Santos Rodrigo,
  • Justo Barrio Diez, 
  • Teófilo de la Rosa Marcos, 
  • José de la Rosa Marcos, 
  • Heraclio de la Rosa Marcos, 
  • Andrés Santos Lopez, 
  • Bonifacio Olmos Gomez, 
  • Joaquín Monasterio Gutierrez, 
  • Cecilio Busto Riaño, 
  • Herminio Puente Puente, 
  • Ángel García García
  • Isaías Jesús Palacios Calvo.

Foto compuesta por 21 personas:
"1ª fila arriba: Percy Valdivia-se anadió en Arequipa-, David Palacios, Manuel Pellón, Bernardo Marina;

fila 2ª: Teófilo de la Rosa, Tomás Santos, Vicente Palacios, Angel Rubio, Leoncio Bravo, José de la Rosa;

3ª fila: Martín Manrique, Justo Barrio, Jesús Palacios, Angel José Azagra, Bonifacio Olmos;

4ª fila: Herminio Puente, Heraclio de la Rosa, Andrés Santos, y

5ª fila: Angel García, Joaquin Monasterio, P. Barrena, P. Policarpo, P. Barahona y Cecilio Busto.

Al día de hoy, agosto de 2012, de esos han muerto 5 que fueron sacerdotes o hermanos y salieron de la Orden, 11. Aún estamos vivos unos cuantos, aunque faltan los mejores. Aparte los tres Padres también fallecidos".





"El Barco se llamaba "Cabo de Buena Esperanza" y los nombre de los del grupo son: Manuel Gomez Pellón, Ángel Martín Rubio, Gabriel Marina, Martín Manrique Pérez, David Palacios Calvo, Leoncio Bravo Pérez, Vicente Palacios del Hoyo, Ángel José Azagra Murillo, Tomás Santos Rodrigo, Justo Barrio Diez, Teófilo de la Rosa, José de la Rosa Marcos, Heraclio de la Rosa Marcos, Andrés Santos López, Bonifacio Olmos Gómez, Joaquín Monasterio Gutierrez, Cecilio Busto Riaño, Herminio Puente Puente, Ángel García García e Isaías Jesús Palacios Calvo. Profesamos de Votos temporales, 19. De Votos Solemnes, 11 y nos ordenamos, 10 y un hermano. Han fallecido: 4 y quedamos 5 mas un sacerdote secular y otro que salió.
Estuve en Anguciana y pasé nueve meses después de los cuales viajé al Perú con los PP. Luis Barahona y Alberto Barrena en un viaje que duró 3 meses. desde el 23 de octubre del 45, al 21 de enero del 46. Éramos 20 colegiales y los dos Padres, y tocamos: Barcelona, Cádiz, Lisboa, Guadalupe, Habana por accidente, Puerto Cabello, Curazao, Trinidad, Pernambuco, Río de Janeiro, Santos, Montevideo y Buenos Aires; aquí estuvimos unos día. Siguió nuestro viaje en tren, tres días hasta La Paz en un tren superlento.


En la Paz estuvimos dos días, en la Recoleta y pasados lo mismos, las máquinas subieron solas, pero a los de los vagones nos subieron con cremallera; al bajar lo hicimos con tres máquinas, solo para frenar, dos adelante y una atrás.



penatremaya@hotmail.com

viernes, 24 de julio de 2009

La vida en Anguciana


Con la llegada de los padres Ojeda, Guereñu y Marina a Anguciana se obró el milagro, un cambio tan radical que al menos a mi me costó un buen tiempo asimilarlo. Se mejoró notablemente la comida, pero sobre todo, la actitud de los padres hacia los niños cambió substancialmente. Se erradicó el castigo físico y en su lugar se implantó como sanción la bajada de la nota de conducta. Al principio no lo entendíamos. Si no había castigo físico, viva la pepa, la conducta no nos dolía ni en el cuerpo ni en el alma. Cómo le hicieron para que entendiéramos la importancia de la nota de conducta?. No lo sé, pero lo lograron. Llegó el momento en que nos afectaba tanto una bajada en conducta como un castigo físico y al leer las notas al finalizar cada año escolar, le prestábamos mucha atención a la misma.

También mejoró el nivel de educación. Hubo muy buenos educadores. Recuerdo particularmente al P. Marina. Un profesor de español fuera de serie. Un día nos dijo que hiciéramos una descripción de la primavera. A pesar de ser tan hermosa y contrastada en la montaña palentina, donde yo nací, no tenía ni idea qué escribir. Me parecía que no había forma de poner por escrito algo que se le pareciera ni siquiera un “tantito” a la realidad. Nos fue ayudando, y cuando ya nos fluían las expresiones escritas, nos salió con la novedad de que también se podían describir las estaciones del año con música y nos puso a escuchar las 4 estaciones de Vivaldi. No había forma de relacionar aquellas melodías con la explosión de la primavera vivida en el campo. Hay quienes defienden que la música, sin necesidad de estar entrenado, infunde en el alma diversos sentimientos de acuerdo a la tonalidad. A mi me daba igual que fuera tono mayor, menor, ritmo binario, terciario, etc. Ahora es diferente, pero ha sido luego de recibir una educación musical. Quién iba a decir que casi 50 años después, añadiría un acápite más, haciendo videos de las estaciones de año tal como se muestran en mi pueblo, con la música de Vivaldi.
Yo, al menos, todo aquello que se relacionaba con la vida en el pueblo lo aprendía más rápido y mejor. Me interesaba y me llegaba. Un día, en la materia de física, estudiamos que existían dos clases de agua: dura y blanda. Cada una tenía sus características propias pero a mí en ese momento me llamó la atención que con la dura los alimentos tardan más en cocinarse y comencé a entender por qué en mi casa tardaban tanto en cocinarse los garbanzos y a veces quedaban duros. Fue lo primero que dije a mis padres cuando llegué en las vacaciones.

En el comedor cuando llegaba mi turno, me tocaba servir los platos de comida que salían de la cocina. Agarré la habilidad de un mesero profesional. Eran muchos niños y había que servir rápido. Llevaba 10 platos de sopa en la mano izquierda, sin que un plato tocara la sopa de otro. El P. Guereñu, serio en otros momentos del año, nos gastaba alguna broma el día de los santos inocentes mientras comíamos. Siempre salía alguien a leer. Ese día al que le tocó, abrió el libro y al hacerlo un muñeco salió disparado y le metió el susto de su vida ante las carcajadas de todos nosotros. También en el comedor nos describía el padre algún que otro partido interesante y que no habíamos podido ver. O alguna noticia relevante como el asesinato de Kennedy en 1963.

Fue en Anguciana donde vi la TV por primera vez en mi vida. Respecto a esto tengo que contar una anécdota difícil de creer en estos tiempos. Cuando llegó la radio a mi pueblo, hablaban de peleas de toros en las que siempre ganaban los toreros. Yo me imaginé que como los toros pelean cabeza contra cabeza, las peleas de toros serían eso: pelear los toreros contra los toros cabeza contra cabeza. No entendía bien cómo podían tener los toreros la cabeza tan dura. Pues, tuve que verlo por televisión para salir de dudas.

La huerta del colegio estaba separada del patio por una tapia bajo la cual pasaba un pequeño cauce por donde corría el agua en dirección al patio. Justo encima de dicho cauce había un manzano. Como no podíamos saltar la tapia, bien porque éramos pequeños o porque teníamos prohibido, se nos ocurrió tirarle piedras al manzano por ver si teníamos suerte y algunas manzanas caían al cauce y llegaban a nosotros por debajo de la tapia arrastradas por el agua. Algunas veces teníamos éxito y esas manzanas sabían a gloria.

El P. Ayerza tenía pavor a los animales y alguien se enteró. Un día le pusieron una lagartija en la mesa para que desistiera de dar la clase y nos concediera un descanso durante ese tiempo. Pero peor fue en otra ocasión en que varios se metieron en un armario que ocupaba toda la parte frontal de la clase. Tenía las puertas de madera grandes y dentro cabían varias personas. Algunos de los más intrépidos se metieron cuando sentimos las pisadas de la llegada del padre. En el nerviosismo de que ya estaba abriendo la puerta del salón, unos salieron, otros entraron, total que se cayó todo el armario encima de la mesa que iba a ocupar el P. Ayerza. Menos mal que no estaba él allí sentado. Ahora sí podemos decir que le salvó la campana.

En una esquina del patio había unos juegos para hacer ejercicio. Barras paralelas, aros y algunos otros. Yo las utilizaba mucho. Un día quise caminar sobre las barras paralelas y me caí en medio de una de ellas dándome un golpe donde más le duele a los hombres que me hizo ver las estrellas en pleno día. Me admiraba ver cómo algunos lograban levantar su cuerpo con una sola mano. Y hablando de ejercicios tengo que decir que el año en que llegué a Anguciana estaba de moda ponerse de cabeza apoyándose en las manos. Primero nos ayudábamos de la pared e íbamos aprendiendo de los que ya sabían y tenían fuerza y habilidad. Luego soltábamos una mano. Algunos caminaban con las manos y tratábamos de imitarlos. Luego se apoyaban en una silla y se daban la voltereta. A veces lo hacían desde una mesa. Nunca llegué muy lejos. Es más, un día caí de espaldas y me dí tal porrazo en la columna vertebral, que no volvía ni a intentar dichos ejercicios.

En la esquina que daba a la entrada de la piscina había un saco tosco, tejido bastamente con cuerdas un poco gruesas. Aquí viene lo increíble. Todas las noches, cuando salíamos al patio antes de ir a dormir, Gaspar y Tomás, mis compañeros, cortaban un trozo de cuerda, liaban unos cigarros con papel de cuaderno, y pa dentro. Al cabo de año casi se habían terminado el saco. Gapar dejó este vicio apenas hace dos años, y Tomás uno. 40 años consumiendo una?, dos? cajetillas de tabaco diarias. Ahora están ambos como dos mancebos.

Los frontones tenían una sección donde se veían los agujeros del ladrillo rojo con que habían sido construidos. Un día se metió una avispa en uno de ellos y no faltó el ingenioso que le dijo al inocentón: “a que no soplas con todas tus fuerzas en este agujero”?. “A que sí”. “A que no”. Sopló, le picó la avispa en el labio y se le puso el morro como una vaca. Aquí es donde todos tienen que reírse.

El frontón apareció ante mis ojos como un juego novedoso. No tenía ni la más mínima idea de cómo se jugaba. Pero la práctica hace al maestro. Al principio nos metían a todos juntos en montón a pegarle a la pelota con la mano. El que fallaba se salía. Al final siempre quedaban los mejores quienes, a su vez, al permanecer más tiempo jugando, se iban perfeccionando más. Siendo como soy, diestro, con los años aprendí a darle fuerte y bien también con la izquierda. En invierno, al aparecer el frio y la nieve, conocí el fenómeno de los sabañones en las manos. Se rajaban estas, pero eso no nos impedía seguir jugando con unos esparadrapos. También existía el juego de frontón con la pala, aunque en mi caso su práctica fue menor al principio, quizás por la dificultad para conseguir las palas, o para hacerlas.

Nos gustaba mucho jugar fútbol. De vez en cuando nos llevaban a la “laguna”, un lugar aledaño a Anguaciana. Para llegar ahí teníamos que pasar entre los viñedos. Nos habían advertido muy bien lo que podíamos hacer y no. Entre las cosas que podíamos hacer, en la época en que ya habían cosechados las uvas, era comer de las que quedaban. Mientras algunos jugaban fútbol otros aprovechábamos para ir corriendo a un bosque lejano de piñas y saciarnos de piñones. Íbamos y regresábamos corriendo para estar a tiempo cuando se terminara el partido. Jamás he corrido tanto en mi vida. A veces me preguntaba si los otros niños no se cansaban al correr. Yo tenía que hacer grandes esfuerzos.

El P. Cubillo siempre tuvo problemas de audición. No oía bien. Un día estábamos poniéndonos en fila en el patio para salir hacia la laguna. Entre tantos no era una tarea fácil poner orden. Ante tanta algarabía levanta la voz el padre y nos dice: “silencio, que no estamos en el patio”, con las consiguiente irrisión de los que entendimos la expresión.

El juego del frontón y del fútbol me impulsaron a aprender a coser los balones y a fabricar pelotas. Además era algo que me gustaba. El secreto de un buen bote de la pelota de frontón estaba en el “potro”. Los buenos, se decía, eran de tripas de gato. Una vez hecho el potro, venía el rebobinado con lana. Al final se le cosía una protección de cuero.

En esta me vi involucrado yo. Se le ocurrió a un compañero que nos saliéramos después de comer, calculando el tiempo que mediaba entre la comida y la hora de reunirnos en el salón, y nos fuéramos a Cihuri a comprar. Fue todo un tonto maratón. Corrimos y corrimos aquel día para ir a comprar chicles y regresar a tiempo. Nos acusaron y encontraron las pruebas. Nos llamó el P. Ojeda a solas. A mi me dijo que sabía donde habíamos ido, lo que habíamos comprado y donde lo habíamos comido, pues en la piscina del colegio habíamos dejado papeles de chicle tirados, (y me enseñó uno). El caso es que debíamos arrepentirnos y pedir perdón. Me costó mucho pero lo hice. El otro no, y le echaron del colegio.

En el dormitorio de arriba, “el dormitorio grande”, el P. Palacios se aseguraba de no ir a su cuarto, aledaño al dormitorio y con una pequeña ventana a través de la cual nos veía a todos, antes de que estuviéramos dormidos. A mi lado dormía alguno de esos chistosos y faltos de viveza. El caso es que, se tapó con la sábana y las mantas, se hizo el sonámbulo y rompió el silencio del la noche convirtiéndose en un comentarista de radio: “señoras y señores comienza el partido, la toma Gento, se la pasa a Puskas, este se la devuelve, remata Gento y gooooooooooooool”. En ese momento se escuchó un chasquido, era el ruido producido por el soplamocos que le propinó el padre que estaba justo al pie de la cama detrás de él. Los casos de sonambulismo eran muy sonados. Desde aquel que se subía a caballo donde estaban los lavados hasta el estudioso que bajaba al salón y se preparaba para el examen del siguiente día. Yo debo confesar que algunas veces me metía bajo las mantas, y antes de dormirme, con un pequeño foco de linterna y una pila, iluminaba algún papel donde tenía resúmenes de lo que barruntábamos nos podían preguntar en el examen. Había dos clases de exámenes, uno oral y otro escrito. Cómo me acuerdo de un compañero que era un cero a la izquierda en música. Le llamaron al examen oral ante un tribunal de tres profesores. Se cerró la puerta y cuando salió estaba feliz, frotándose las manos nos dijo: “me mandaron cantar la escala y ya llevaba tres cuando me dijeron que parara…si no le sigo adelante”. Calificación: “0”.

En Anguciana conocí muchas cosas por primera vez como las viñas, higueras, almendrucos, piñones, nogales, etc. También me ocurrió lo mismo con la televisión. Al principio no me gustó mucho, entre otras cosas porque el sonido estaba fatal, y no lograba uno concentrarse en lo que veía. Con el tiempo pasaron una película donde le clavaron unas tijeras a una persona en el pecho con el consiguiente borbotón de sangre. No tenía ni idea de que esas cosas pudieran suceder. Me afectó mucho y estuve un tiempo seguramente con esa imagen metida en mi mente. Veíamos con frecuencia la serie de “El llanero solitario” pero el sonido retumbaba tanto en el salón que en lugar de disfrutar resultaba una molestia. Con el tiempo, cuando se solucionó el problema, era una de las cosas que deseábamos, ver la televisión.
Es usted de los que creen que no hay forma de eliminar los malos hábitos?. Que aquello de “genio y figura hasta la sepultura” es una ley de vida incambiable?. Craso error. Los padres de Anguciana tenían el método perfecto para erradicar un mal hábito en menos de 24 horas. Ejemplo: para subir al primer o al segundo piso por las escaleras había una comodísima baranda a la que nos podíamos agarrar. Pero para bajar la convertíamos en tobogán. Ya era un acto inconsciente de todos los días y varias veces al día. Terminaban las clases y bajábamos al patio en un santiamén. Salíamos del dormitorio y nos evitábamos las molestas escaleras deslizándonos por la barandilla. Era un hábito que habíamos contraído. Cómo acabar con él?. Muy fácil. Clavando unas puntas en la misma, ya que era de madera. Pero para que surtiera más efecto, la cabeza de las puntas debía estar inclinada hacia arriba. El mismo día en que las colocaron corría la sangre, los trozos de piel y las lágrimas por todas las escaleras. Yo también caí en la trampa. Me desgarré toda la piel de la mano que echaba adelante y mientras me duró la herida tuve tiempo para memorizar bien que no volvería a hacerlo. El mal hábito se esfumó como la espuma.

Puede haber algo más doloroso para un niño que ver, como la ropa que con tantos sacrificio te habían comprado tus padres trabajando día tras día y de sol a sol para poder entrar en el colegio de Anguciana, iba desapareciendo porque la echabas a lavar y los mayores se encargaban de que no regresara?. Qué inmensa alegría me dio cuando se lo dije al padre y no paró hasta que la encontró y me la regresó tanto a mi como a los otros niños recién ingresados.

El día que Massiel ganó el festival de eurovisión, año de nuestro viaje a Perú 1968, pudo haber ocurrido una tragedia. Mas de 100 niños saltábamos al unísono, emocionados hasta el extremo, sobre un piso de madera que pudo haberse colapsado y todos nosotros con él.

Los PP. Franciscanos se iban modernizando con las nuevas tecnologías. Como salidos de la nada, aparecieron cierto día en los salones de clase unos altavoces no muy grandes colgados en la pared. Pronto nos dimos cuenta de su utilidad. Eran altavoces y micrófonos, tan cómodos para el maestro que, sin tener que desplazarse, desde su oficina nos oía hablar y nos mandaba callar. Finalmente terminamos riéndonos de ellos, pues los errores eran evidentes. “Estalayo, cállese”, y era Nicasio el que estaba hablando. “Lombraña, deje de estar cantando” y era Bustamante. “Gaspar, Bárcena y Tomás hagan el favor de sentarse” y no había nadie de pie.

Aunque habíamos nacido para aguantarlo todo, creo que si agradecimos el día en que instalaron la calefacción. Un verdadero esfuerzo para aquellos tiempos en que pocos podían contar con ella.

Y así fueron transcurriendo los 5 años hasta que estuvimos preparados para ir a Perú. El P. Marina fue el encargado de asesorarnos y hacernos ver que en este mundo todos somos iguales, que los españoles no somos una raza superior, que debíamos respetar los símbolos y la cultura del lugar donde fuéramos. Nos permitieron ir a nuestras casas a despedirnos de nuestra familia y en algunos casos de la novia o la amiga. Hay una canción que describe este triste y duro momento: “…cuando me marché de España, me dejé con mucha pena, a mi madre y mis hermanos y a mi novia que es tan buena, hoy recuerdo a mi familia y canto por no llorar…..”. El P. Remigio fue el encargado de llevarnos a Barcelona donde comenzó la travesía de 20 días, pero este será tema de otro relato.

Si te fijas, amigo lector, en la parte de abajo dice “comentarios” con letras azules. Los que pongas serán bienvenidos. Cuantas anécdotas, experiencias, recuerdos habrá de esos inolvidables días de Anguciana. Anímate. Ayúdanos a recordar contigo.