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miércoles, 20 de abril de 2011

Generación 1951. José María Alamo.


          
                                                                                                              Por José María Álamo


José María Álamo vivió una experiencia única e irrepetible y nos la comparte con la sinceridad de quien abre su corazón de puerta en puerta a su diario privado particular. Cuenta lo que muchos piensan y no se atreven a decir. Su lenguaje fluido y ameno nos atrapa y anima hasta terminar la lectura.

Aliquando bonus dormitat Homerus. No se cómo empezar esta historia para que sea creíble, la puedas entender y veas la providente mano de Dios. Creo haberte dicho que nací en Cebrecos (y lo que significa 'cebreco') en 1938, en plena guerra civil. Seguro, pues, que soy hijo de la guerra y esa es una de las raíces de este (del) Alamo, José María. La guerra me cambió de apellido y de destino.

Mi padre Fustino Del Alamo era hermano de Don Segundo Del Alamo, cura párroco de Modubar de San Ciprian. Se podaron el Del, por la persecución roja republicana, para salvar el pellejo, en esta caso la corteza. Aunque a mi tío cura le retoñó la rama después de la guerra y con ella se fue a la tumba. A mi padre le brotó en la tumba y como Faustino Del Alamo le enterraron.

A los siete años quedé huérfano de madre. Su muerte la recuerdo como si fuera ayer, quedó grabada en mi mente, en mi alma y me dejó una impronta imborrable, como la marca ardiente de los toros o mulos en sus ancas.

Éramos 5 hermanos, niños, hijos de la guerra y sus consecuencias. A los 9 años me quedé huérfano de padre, hermanos, tíos, primos, perros y gatos. Huérfano de ‘dolemnidad’.

Te dije que tío Segundo Del Alamo era párroco de Modubar de San Ciprian, pueblo del Padre Manero, tal vez lo conociste. El era el recolector, buscador o como diablos le llamaban al encargado de recoger niños,(eufemísticamente vocaciones) y llevarlos a Anguciana. Mi tío cura y el P. Manero hicieron desarrollar la otra raíz de este ‘alamito’ que empezaba a crecer torcido, porque yo era un niño rebelde, travieso, peleonero (dirían los peruanos), malo, según mi hermana mayor y mis ‘copueblerinos’ que me lo recordaron después de 17 anos de orfandad al regresar a Cebrecos. Ellos y los tíos de Fermín Cebrecos me recordaron en Lima, en la reunión del centenario de la Provincia, que me escapé a los siete anos del pueblo de Tordueles hacia mi pueblo Cebrecos, a seis kilómetros de distancia, atravesando montes, sendas y caminos de herradura. Esta y otras anécdotas que no quiero recordar eran señales inequívocas de que iba por mal camino. Así llegué a Anguciana en 1950, sin saber para qué ni por qué, sabiendo apenas leer y escribir.

En enero de 1951 nos llevaron a Santander para embarcarnos para el Perú en el Reina del Pacifico, un carguero acomodado para pasajeros. En una barcaza nos llevaron hasta el barco anclado en alta mar (tal vez era la bahía de Santander, si la tiene). No hubo despedida de los familiares, padres o hermanos, que no tenían dinero para viajar a Santander. No me acuerdo de los familiares de mis compañeros, si fueron o no. Lo que sí recuerdo es que yo lloraba, gemía sin ningún motivo, sin saber por qué. Seguro que era mi intuición por lo que estaba por venir. La travesía fue horrible, mareados, vomitando a las pocas horas, olvidados, huérfanos del P. G.E., el encargado de llevarnos hasta el Callao. El viaje duró 21 días y gracias a unas monjitas que iban a Valparaíso, que nos cuidaron amorosamente, se apiadaron de nosotros pudimos desembarcar en el Callao el 7 de febrero de 1951.

Durante el trayecto se declaró una epidemia abordo. Murieron dos personas de la tercera edad. No nos dejaron atracar en el puerto de la Habana. Desde el muelle nos gritan apestosos, apestosos... Todavía oigo sus gritos. hinc illae lacrimae. Bajaron los cadáveres y seguimos rumbo a Colón, en Panamá, donde si nos dejaron desembarcar y caminar por la ciudad. Nos habíamos olvidado de caminar en tierra firme. Caminamos hasta una parroquia de cuyo nombre no me acuerdo, pero si se me grabó en mi mente que un grupo de niños negros nos seguían asombrados, tanto como nosotros que nunca habíamos visto a niños negros.

La travesía del canal fue un grato recuerdo. En el Callao tampoco nos dejaron atracar en el puerto. Después de largas horas fue un equipo de médicos y enfermeras que nos examinaron exhaustivamente y creo que por alguna influencia desde tierra o desde el cielo nos llevaron en bote al puerto y de allí al Colegio Seráfico del Callao, donde estuvimos cinco años desasnándonos.
Éramos siete: Santiago Saiz, José Luis Alzaga, Constancio Sadornil, Lucinio Ortega...Perdóname. Es tarde y me esta dando sueno y ...Otro día sigo si quieres.

Decíamos ayer...que éramos siete los que llegamos al Callao el 11 de febrero de 1951, hace exactamente 58 años. Yo tenía 12 años. Los otros dos compañeros que faltan nombrar fueron Vidal, cuyo apellido no me acuerdo y se salió en el noviciado y el otro que no recuerdo ni su nombre ni apellido, se ahogó en lo más profundo del océano de mi ignorancia. No tenemos fotos del grupo solos. Estamos dispersos entre las fotos de los patibularios seráficos del Callao.


En el Callao estuve cinco años desasnándome (1951-1956). Y esto de desasnarme en cuanto a mi se refiere no es metafórico, es real. Cebrecos según los más entendidos significa pueblo de pequeños onagros salvajes. No es la opinión de Fermín Cebrecos, quien dice que significa pueblos de hebreos distinguidos, inteligentes, ilustres, sabios como Maimónides, opinión respetable y probable refiriéndose a él que además no es de Cebrecos, pero difícil de sostener refiriéndose a mi pueblo, pues no hay el menor indicio o reminiscencia de que allí vivieran algunos hebreos, pero de que allí vivieran pollinos salvajes (cebrecos) me agrada mas, y no por ser anti hebreo, sino porque yo nací allí. La tarea de ‘despollinizarme’ fue ardua.

En 1956 hicimos el año de noviciado o toma de hábito. Nuestro maestro fue el Padre Tarazona. Fray Cándido, diría yo, un alma de Dios, por su bondad confundida, mezclada con su apacible ‘candisimpleza’. Sancta simplicitas. Al fin y al cabo es lo que realmente cuenta a la hora de la verdad: es importante ser doctor, gran filósofo o teólogo, pero más importante es ser bueno.

Al año siguiente viajamos a Ocopa donde estuvimos cinco años ‘teofilosofando’.No te quiero contar detalles o anécdotas de los años del Callao, Lima u Ocopa, porque eso no me lo has pedido, sino nombres, lugares, números y fechas y te podría arrancar algunas lagrimas-perlas de penas y risas, in extenso. No fue mi intención en hacerlo en mi primer relato, ni siquiera insinuar una justificación, de mi salida, abandono o traición como algunos dirían de la provincia, orden o el sacerdocio. No lo necesito, mi conciencia está tranquila: aequo animo.

A mi padre, poco antes de morir, se le escaparon unas lagrimas-perlas. Le dije que lo que hizo, lo hizo bien, y que yo en su caso hubiera hecho lo mismo. Nos abrazamos con un largo abrazo, como de aquí a allí .Y el murió en paz a los 96 años.

Solo quise contar la verdad monda y lironda que tenía rostro angelical. Ellos ahora años te la pueden ratificar, rectificar o remendar, pero no negar. De todos modos audi alteram partem.Yo no estoy resentido, ni maldigo mi suerte. Todo lo contrario. Para mí como para Cicerón "el recuerdo del mal pasado es alegre" y algo de humor me queda, pues me río frecuentemente de mi mismo y soy afortunado porque nunca me falta motivo de diversión. Así que Deo gratias. Dum vivimus vivamus.Deo favente. De repente te ha parecido demasiado extensa, pesada esta verborrea, este furor loquendi, que parecía un parturium montes et nasciitur ridiculus mus. Perdona Chau,bye,bye, arrivederci, pajarincama que significa hasta pronto, si yo quiero ,dice Dios.



Al mando de Buenaventura Uriarte y el P. Rafael Gastelua viajaron a Perú en 1951 los siguientes:
·         Angel Alegre Conde.
·         Antonio Marijuán Martinez.
·         Constancio Sadornil González.
·         Federico Monasterio Gutierrez.
·         Fidel Colina Colina.
·         José L. Alzaga Navarro.
·         José L. Ojeda Pascual.
·         José Benítez.
·         José María Álamo Pineda.
·         Lucinio Ortega Navarro.
·         José Luis  Ojeda Pascual.
·         Mesías Sáez González.
·         Plácido Santamarina Perez.
·         Salvador Saiz Arnáiz.
·         Vidal Sanz Ronda.


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